Historia de la Espada

¿Qué entendemos por espada? Es complicado establecer una definición precisa que englobe la gran variedad de aspectos relacionados con este arma, pero si buscamos en un diccionario aceptaremos que por espada se entiende un arma de metal formada por una hoja larga pensada para provocar heridas al corte o a la estocada, y que está dotada de una empuñadura para ser asida con una o ambas manos.

La evolución de la espada ha estado vinculada estrechamente a la historia del hombre, y a las diversas culturas en que ésta se ha manifestado. Es difícil encontrar un solo país o una sola etnia que no haya tenido relación, en algún momento de su historia, con la espada. Y esta relación con la historia no se circunscribe únicamente al mundo militar o bélico. Al sumergirnos en el estudio de la evolución de la espada entramos en contacto con el mundo del arte, del adorno, de la vida cortesana, del deporte olímpico.

El desarrollo de la espada a lo largo del tiempo ha estado inseparablemente unido al descubrimiento y evolución de la metalurgia. Fue necesario un mínimo nivel de conocimientos metalúrgicos para hacer posible la fabricación de armas con una resistencia y longitud dignas de consideración. Para fabricar espadas útiles era necesaria una destreza en el manejo del metal. Hasta que el hombre pudo adquirir estos conocimientos, esta destreza, las armas utilizadas eran cortas y pesadas. Se utilizaban materiales distintos del metal para confeccionar cuchillos y hachas (silex, madera, huesos).

El hombre del Paleolítico superior (35000-9000 a.C.) usó huesos de reno para fabricar sus armas. Más tarde comenzó a utilizar el sílex tallado. Un referente de este primer período lo encontramos en el puñal del Neolítico (6500-1800 a.C.) que consistía en un arma de doble filo de piedra tallada (o hueso) que posteriormente se pulía. Estaba pensado para atravesar y su perfección era tal que se utilizó como modelo para las primeras armas de cobre.

Fue el perfeccionamiento del trabajo del metal el que facilitó la aparición del filo presente en las espadas largas. El primer metal dominado por el hombre fue el cobre. No es de extrañar, por tanto, que las primeras espadas se fabricasen en este material. El comienzo de la fabricación de espadas en cobre se estima que se produjo entre los años 1850 y 1650 a. C. La técnica de fabricación consistía en fundir este material y verterlo en moldes con la forma de la espada. Una vez frío el metal, se le daba filo a base de golpearlo con el martillo. El mayor problema que tenían estas espadas era el de la debilidad de cobre. El cobre es un metal principalmente blando por lo que no se puede considerar como el más idóneo para la fabricación de espadas. Para aumentar en lo posible la dureza del cobre se incorporaba arsénico en la mena (1) de manera natural.

Con el descubrimiento del bronce, a través de la mezcla de estaño y cobre en una proporción normalmente de 1 a 9, se abren nuevas posibilidades en la fabricación de espadas. La primera espada encontrada se descubrió en la tumba de Sargón, primer rey de Ur en Caldea. Se trata de un arma con hoja de bronce y su antigüedad es de 50 siglos.

El bronce presentaba grandes ventajas con respecto a cobre. El bronce daba lugar a espadas mucho más resistentes y duras que las de cobre. Además el bronce fundía a baja temperatura y podía ser trabajado con facilidad en moldes, permitiendo su afilado y endurecimiento a través de golpes de martillo. Los moldes que se utilizaban en estos comienzos de la metalurgia eran de piedra aunque pronto evolucionaron hacia el barro ya que este último material permitía una mayor comodidad en el manejo y un mejor acabado de las piezas fabricadas.

De entre todas las espadas de bronce podemos destacar la espada creto-micénica, un arma de estoque y corte. Existieron modelos con incrustaciones de oro y plata, damasquinados (incrustaciones de hilo) u ornamentados (recubiertas de polvo de plata, de cobre o azufre que se cuece y pule). Estos ornamentos tenían, además de una función decorativa, una función de refuerzo, dotando al arma de una mayor resistencia. Los primeros puñales de este tipo se encontraron en la acrópolis de Micenas. En Creta se encontraron las primeras “espadas” de bronce, unas espadas aptas para la parada. En Egipto el bronce no se conoció hasta la XII dinastía.

Inicialmente la hoja y la empuñadura se fabricaban por separado uniéndolas a través de diferentes sistemas. Esto generaba gran debilidad en el conjunto. Posteriormente la hoja y la empuñadura se fundirán como un todo recubriendo el puño con distintos materiales (cuero, alambre, marfil).

Pero a pesar de la mejora en los materiales y las formas de fabricación las espadas fueron difíciles de encontrar y de adquirir. Los metales eran muy caros y no era fácil descubrirlos. Por tanto, el manejo de las espadas no se convirtió en algo generalizado durante esta época.

En este período de la antigüedad podemos encontrar espadas cortas y rectas con filo, aunque ya los egipcios utilizaban comúnmente una espada curvada en ambos filos, con puño cilíndrico y sin guarda.

El primer gran hito en la historia de la espada lo podemos encontrar en el siglo XIV a. de C. Alrededor de dicho siglo se produciría el trascendental descubrimiento del hierro por parte del pueblo hitita (2). La llegada del hierro va a permitir dotar a la espada de una dureza y resistencia hasta entonces desconocidas. Ya el arma no se parte con facilidad, el filo es muy cortante y difícil de mellar. Los soldados hititas, descubridores como ya se ha dicho del hierro, utilizaron unas espadas de hierro de unos 60 cm. de hoja, con las que no tenían ningún problema a la hora de vencer a otros competidores armados con espadas de bronce. La dureza de las espadas de hierro les permitía cortar las espadas de bronce a veces de un solo tajo.

Pero el alto coste de fabricación de las nuevas armas seguía constituyendo un gran problema, por lo que armas de diversos materiales convivieron en la misma época en incluso dentro de los mismos ejércitos.

Los asirios también poseían espadas de hierro. Fabricaron sus espadas de acero de hoja ancha y doble filo con guarda. Existían dos posibles técnicas para obtener una espada de tales características. Una era darle forma para trabajarla después con el martillo y la otra era unir varias capas de metal forjadas hasta conseguir la forma deseada.

En Europa las primeras espadas de las que se tiene constancia se produjeron en Austria en el siglo V a. de C. Su longitud rondaba los 140 y 80 cm.

También en Grecia, los soldados (llamados hoplitas), utilizaban una espada corta y ancha de doble filo denominada kopis. La espada espartana era algo más larga que la que usarían los romanos, era aguda, de dos filos, más delgada hacia la empuñadura y ligeramente abultada hacia el inicio de la punta. En el sur y este de la Península Ibérica podemos encontrar una famosa espada de similares características a la espada griega. Esta espada no es otra que la falcata ibérica, conocida en todo el mundo antiguo. Esta espada tenía una longitud de entre 42 y 50 cm. con una hoja curvada y ensanchada de gran efectividad en el combate del siglo IV a. de C. Esta espada evolucionó hacia un modelo de hoja recta del mismo tamaño y punta muy aguda. Esta arma estaba más pensada para la ejecución de estacadas aunque mantenía el doble filo. Una de las características que la destacó fue su magnífico forjado.

La efectividad de esta espada se hizo notar entre las filas de las legiones romanas destacadas en la Península. Las espadas largas, anchas y de un solo filo (diseñadas para ser empleadas con una técnica de corte) utilizadas por los romanos nada pudieron hacer al enfrentarse a la letal falcata. Esa fue la razón por la cual los romanos adoptaron esta espada bautizándola con el nombre de gladius y convirtiéndola en el arma reglamentaria en el ejército como arma personal del soldado de infantería. La permanencia de activo de esta espada es destacable. Se seguirá utilizando hasta el siglo V.

La primera espada medieval nace en el siglo VIII. Se trata de un desarrollo de la espada romana aunque mucho más larga. Su longitud oscila entre 70 y 80 cm. Posee una hoja de doble filo, punta aguda y una guarnición en forma de cruz. Esta guarda en cruz, precisamente, se convertirá en una de las características de las espadas durante la mayor parte de la Edad Media. Los gavilanes de la guarda podían mantener, no obstante, cierta inclinación, sin formar un ángulo recto con la hoja.

Dentro de la Edad Media se pueden destacar las espadas utilizadas por los normandos. Fundamentalmente eran de dos tipos: La llamada scramassax que poseía una hoja larga y de doble filo y la conocida como sax que era más ancha que la primera. La forma de fabricar estas espadas era mediante la superposición de tiras o barras de acero o hierro que se torcían y arrollaban para forjarse posteriormente. El resultado era una espada resistente, dura y flexible.

Uno de los hechos que marcará el desarrollo de la espada a lo largo de la Edad Media será la incorporación de la armadura completa como mecanismo de defensa personal. La incorporación de la armadura al combate medieval va a traer consigo una modificación en las técnicas de lucha de la época y en la estructura y forma de la espada. El combate se realiza a caballo y el objetivo en la lucha es el de derribar al contrario mediante la fuerza bruta. Esta transformación en la manera de luchar va hacer que la espada aumente de tamaño y peso (la espada alcanza un tamaño mínimo de un metro). Se trata de una espada que se va a utilizar con ambas manos para que, de esta forma, el caballero pueda sacar el máximo provecho de su propia fuerza y del gran peso de su arma.

El proceso de crecimiento de la espada medieval continuó a lo largo de todo el siglo XIII de forma que las espadas alcanzan, de forma normal, longitudes de entre 115 y 130 cm. Junto con el crecimiento de las hojas se produce un crecimiento de las empuñaduras para permitir asir confortablemente con ambas manos las enormes espadas.

 

 

El tamaño de la espada medieval supuso un reto para los herreros de la época. Se debía conseguir un gran equilibrio y dureza del conjunto de la espada para evitar así que debido a la gran longitud de la misma la hoja se partiera con facilidad. Como consecuencia de esta necesidad se obtiene una espada con el típico perfil de rombo alargado, con un nervio que recorre toda la hoja por su mitad y que desciende hacia los extremos formando los filos de la espada. Así se obtiene la rigidez necesaria a pesar del gran tamaño.

Contemporánea a la enorme espada medieval europea, la espada árabe evoluciona de una forma totalmente distinta. La denominada cimitarra era una espada mucho más corta que la espada occidental, con una hoja ancha diseñada para el corte, con una punta curvada. Su empuñadura era muy sencilla y utilizaba como guarda una esfera.

El siglo XV supone un punto de inflexión en la evolución de la espada. La espada medieval sufre profundas transformaciones dando paso a modelos más sencillos y ligeros. Se generaliza el uso de gavilanes inclinados en la guarda. Es en este período cuando aparece el estoque, de origen español. Se trata de un tipo de espada con hoja estrecha y punta muy fina. Está pensada para ser utilizada a la estocada (como se puede deducir de su propio nombre), una técnica totalmente diferente a la comúnmente extendida a lo largo de la Edad Media y se trata de una espada fuerte y muy ligera. La estética adquiere mayor importancia en el diseño de las espadas, las formas se estilizan y se aplican nuevas técnicas en la decoración de éstas.

En el siglo XVI se produce un cambio de concepción en el uso de la espada. Este arma se convierte en una prenda de vestir, pasando a ser un objeto más dentro de las tendencias de la moda. Ya no es un arma militar, destinada a ser usada por el ejército. Se convierte en un arma cortesana, teniendo en el duelo una de sus mayores aplicaciones. La decoración de estas espadas cortesanas se complica y muestra, en gran parte, el rango social de su propietario. Se trata a la espada como una joya y no tanto como un arma. El caballero renacentista ve en la espada, por tanto, algo más que un arma, por lo que no es extraño que sea en este período cuando se produce la irrupción social de la esgrima (entendida como una disciplina consistente en la enseñanza y aprendizaje de la lucha con la espada de forma elegante a la vez que competitiva) en contraposición con la ruda forma de luchar con la espada predominante en la Edad Media.

En cuanto a España, hay que destacar la existencia de importantes centros productores de armas blancas conocidos en el mundo entero. Entre todos los centros productores españoles sobresalía Toledo, que durante años fabricó algunas de las más famosas espadas de la historia. La razón del éxito conseguido por las espadas toledanas radicaba en la especial técnica de fabricación utilizada en la ciudad castellana. Esta técnica se basaba en la unión de dos listones de acero sobre un bloque de hierro. El siguiente paso consistía en la forja de los tres bloques hasta que se obtenía una hoja a la que se dotaba de dos filos. En la última fase se aplicaban una serie de procesos, incluido el afilado con diversas sustancias, dando como resultado la espada final, una espada poseedora de una tenacidad considerable y que mantenía una gran flexibilidad (aportada por su alma de hierro). Otra de las características que hicieron de Toledo el más conocido centro productor de espadas fue su proceso de verificación de calidad. Se aplicaban complejos métodos de control de calidad hasta conseguir que todas y cada una de las armas fabricadas fueran espadas perfectas. El resultado final se acreditaba con un sello del fabricante. La comprobación era exhaustiva, comprobando la elasticidad de la hoja hasta provocar casi la rotura de la hoja, y la dureza golpeándola con metal, etc. De lo que se trataba era de evitar que ningún error en el proceso de fabricación diera lugar a un arma defectuosa que pudiera poner en serio peligro la vida de su futuro propietario. No es de extrañar que todas estas circunstancias hicieran de Toledo el centro productor más famoso del momento. El apogeo de Toledo duró hasta el siglo XVIII cuando las armas de fuego desplazaron a las espadas. Ya no se requerían espadas de tanta calidad, y los militares se conformaban con armas mediocres, fabricadas en masa, de mala calidad pero, lo más importante, baratas.

Al mismo tiempo que se producía en Europa la evolución de la espada renacentista, en Japón se conseguía perfeccionar hasta grados insospechados el trabajo del metal. Ya a finales de la Edad Media quedan establecidos los principios básicos a la hora de trabajar las espadas tradicionales japonesas. Estos procedimientos sufrirán muy pocas modificaciones a partir de entonces. La inmejorable metalurgia japonesa será la que genere las mejores armas de corte de la historia. La espada japonesa es una espada de hoja larga y fina, con un tratamiento térmico especial que permitía unos filos muy cortantes a la vez que se podía mantener una gran flexibilidad. Se pueden distinguir dos tipos básicos de espadas japonesas en esta época: la katana larga y de empuñadura para dos manos, y la wakizashi, más corta. Normalmente el guerrero japonés llevaba en la cintura ambas armas.

Durante el siglo XVII la espada europea sigue evolucionando. Los gavilanes se alargan y se hacen finos, formando en algunos casos lazos sobre la empuñadura. El proceso termina con la aparición de la cazoleta o concha que protegerá completamente la mano. Estas cazoletas serán labradas por artistas, en algunos casos, dando como resultado verdaderas obras de orfebrería. Las hojas siguen creciendo, alcanzando el metro de longitud y se hacen más planas y anchas. Durante este siglo el estoque sigue siendo un arma típicamente española, mientras que en Europa es sustituido por el espadín, más corto. Estas serán las últimas espadas que los civiles porten a diario porque en el siglo XVIII desaparece esta costumbre. Además, cuando se habían alcanzado los mayores logros estéticos y técnicos de la espada, se produjo la aparición de las armas de fuego como serias competidoras tanto en el ámbito del duelo como en el terreno militar. Aparecerá también la bayoneta que sustituirá a la espada en el campo de batalla. Todo esto hace que la fabricación de espadas a partir de este momento se convierta en una industria que genera pobres resultados técnicos y estéticos. Se harán comunes las espadas fabricadas en masa, de escasa calidad.

En el siglo XVIII se consolida el uso de un nuevo tipo de espada, el sable que tiene una utilidad prácticamente ceremonial. Es un arma de hoja larga ligeramente curvada, y con guarda de latón. Estaba diseñada para utilizarse al corte y en un principio se usó como arma de caballería aunque luego se extendió a otros tipos de combatientes.

En el siglo XIX se produjo el apogeo del sable, especialmente durante las guerras napoleónicas. En dichas guerras se enfrentaron en el campo de batalla distintos tipos de sables: el sable largo y rígido utilizado por los coraceros franceses, el más ancho utilizado por los británicos o el de hoja curvada utilizado por la caballería ligera. Durante largo tiempo el uso del sable se compaginó con el de las armas de fuego (pistola de caballería) pero estaba claro que su final estaba cercano. Ese final llegó en la Guerra de Secesión de los Estados Unidos. La espada queda anticuada ante las nuevas armas de fuego (rifles, carabinas, pistolas, etc.). El sable queda relegado a una función meramente decorativa en manos de los oficiales. Todavía permanece su uso ceremonial, portado por oficiales cuando visten de gala, un anacronismo no exento de cierto romanticismo.

Una vez la espada fue eliminada del campo de batalla, la esgrima se estableció como el único y último reducto disponible para el uso de la espada. La esgrima pasa así de ser una disciplina dedicada a la preparación del caballero para el combate a convertirse en un deporte. Un deporte heredero de siglos de conocimiento, de práctica y experimentación. Las armas utilizadas en su práctica son muy flexibles y carecen de filo ya que el único objetivo del deporte de la esgrima es el de tocar al adversario sin provocar daño alguno. Las tres armas utilizadas en la esgrima deportiva son: el florete, el sable y la espada.

El florete: Es un arma de estocada. El peso máximo de este arma es de 500 gramos. Su hoja, de sección cuadrangular, es de acero como todas las demás armas y tiene una longitud máxima de 90 centímetros. La longitud máxima del arma completa es de 110 centímetros. La cazoleta de protección es muy pequeña y consiste en un disco cóncavo de unos 10 centímetros. Puede montarse con empuñadura anatómica ó francesa. La punta de esta arma debe resistir un peso de 500 gramos sin que se ponga en funcionamiento el aparato señalizador eléctrico de tocados.

El sable: El sable es un arma de estocada, de filo y contrafilo, es decir, puede tocarse al contrario con la punta o con cualquier parte del corte del plano o del lomo de la hoja, cuya longitud máxima es de 90 centímetros; la sección puede ser en "Y" ó en "T". La longitud máxima del arma completa es de 1 05 centímetros. La cazoleta es amplia, de una sola pieza, y cubre la mano tanto por la salida de la hoja como lateralmente, para poder defenderse de los golpes de filo. El arma reglamentaria de competición incorpora un sensor para que se señalice el tocado únicamente si este se ejecuta con una cierta fuerza.

La espada: La espada es un arma sólo de estocada. Es el arma más pesada, y puede alcanzar como máximo los 750 gramos. Su longitud máxima es de 110 centímetros y la de su hoja de 90; la sección de ésta es triangular en su parte ancha y luego se hace en "Y". Como en el florete, se usa tanto la empuñadura clásica o francesa como las de tipo anatómico u ortopédico.

Estas tres armas constituyen el extremo final de un largo proceso evolutivo, un proceso que no ha terminado, ni mucho menos, y que con certeza deparará nuevas sorpresas.

 

Notas:

(1) Mena: mineral a partir del cual se extrae un metal, tal como se encuentra en el yacimiento.

(2) Hititas: Conjunto de pueblos que en tomo al año 2000 a. de C. penetraron en el Asia Menor y se instalaron en las regiones de Anatolia, Armenia y norte de Siria, lo que los griegos llamaron Capadocia. El pueblo hitita fue fundamentalmente guerrero y no desarrolló una cultura propia. El esplendor de su reino se produjo en el siglo XVII a. C.

 

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